Jamás creí que esto llegaría a ser cierto, que podría extrañar a un periodista de televisión que, además, no es que fuera del todo simpático. Pero he llagado a extrañarlo, más como un símbolo de libertad que como una persona. Y lo he recordado mientras corregía un texto de Fundamedios sobre la alerta enviada cuando Ortiz renunció.
«Ortiz, en su despedida, explicó que, por disposición de la Constitución de 2008, el canal de televisión donde trabajaba tiene que ser vendido y, para el traspaso de la frecuencia, el Gobierno tiene que autorizar la venta del canal. "Me parece evidente, por la insistencia y la acidez de los ataques del Gobierno en mi contra, que yo podría ser un obstáculo para que el Gobierno autorice esa venta cuando llegue el momento".
En su mensaje final, añadió que se reencontraría con la audiencia cuando "los ecuatorianos volvamos a vivir en democracia. Es decir, cuando esté genuinamente en vigencia un estado de derechos garantías y libertades, en el que sea posible discrepar disentir y cuestionar sin ser víctima de insultos, ofensas, amenazas y persecuciones como ocurre actualmente".
El viernes 23 de julio, el espacio televisivo de Ortiz salió del aire y el conductor anunció que se tomaría unas vacaciones no programadas.
El activista político Carlos Verá había denunciado que el Gobierno estaría exigiendo la salida de los periodistas Jorge Ortiz, Carlos Jijón y Bernardo Abad de Teleamazonas para aprobar la venta del canal. Fernando Alvarado, secretario de Comunicación de la Presidencia, indicó: "Hablé con dos personas importantes de Teleamazonas para pedirles que demintieran a Carlos Vera, porque eso es una falsedad. Jamás en la vida hemos pedido o sugerido que salgan Carlos Jijón, Jorge Ortiz y Bernardo Abad".»
Hoy, mientras adaptaba el cuento de Los kappas, de Ryonosuke Akutagawa, sentí un temblor al percatarme de lo cercanos que me resultan a ratos los kappas. Y lo peor de todo es que, durante años, yo fui uno de esos pobres periodistas.
Ger, sobre cuyo rostro se dibujaba una sonrisa más placentera que de costumbre, estaba hablando acerca del gabinete del partido Quorax, en el poder por aquella época. La palabra Quorax no era otra cosa que una interjección carente de sentido, y por consiguiente, resulta imposible traducirla por medio de otra voz que no sea «¡Vaya!», o algo por el estilo. Pero dejemos de lado estas consideraciones y digamos que se trataba de un partido cuyo primer eslogan de «el bienestar de todos los kappas».
El líder del partido Quorax —empezó a decir Ger— es Roppe, un político célebre. Usted reconocerá la frase de Bismarck, «La honestidad es la mejor diplomacia». Pues bien, Roppe ha ampliado el campo de la honestidad, aplicándola al gobierno del propio país…
—Pero los dicursos de Roppe…
—Escúcheme —interrumpió Ger—, los discursos de Roppe no son más que un enjambre de mentiras. ¡Eso es evidente! Pero todo el mundo sabe de quién vienen de qué se trata, de manera que los embustes de Roppe vienen a ser lo mismo que su honestidad. Uno de los prejuicios de ustedes, los humanos, es declarar mentirosos los discursos sin pensarlo bien. Nosotros, los kappas, nos distinguimos de ustedes, los humanos… No, dejemos esto de lado. No tiene importancia.
Quiero hablarle de Roppe. Él dirige el partido Quorax, pero es Quiqui, director del periódico Pou Fou, el que maneja los hipos de Roppe.
(Esta palabra, Pou Fou, también es una interjección que no tiene significado. Si me viera obligado traducirla, sólo podría hacerlo diciendo «Ah Ah».)
—Y Quiqui —siguió Ger— tampoco es su propio maestro. El que gobierna a Quiqui es Ger, para servirlo a usted.
—Pero —lo interrumpí precipitadamente—, perdóneme, tal vez yo sea indiscreto: ¿pero el diario Pou Fou no se manifiesta a favor de los obreros? El hecho de que su director Quiqui esté bajo la influencia de usted…
—El personal de la redacción del diario Pou Fou apoya, sin duda, a los obreros. Pero sólo Quiqui puede dirigir a esos periodistas. Y Quiqui no puede permitirse el lujo de prescindir de mi apoyo —precisó Ger.
Y siempre sonriente, Ger siguió jugando con su cuchara de oro macizo. Al escucharlo expresarse de la manera antedicha, me sentí ganado por un sentimiento de lástima para con los periodistas de Puo Fou, más que por un sentimiento negativo contra el mismo Ger.
Cuando se grande, quiero ser como tú.
clic de ojos inmensos,
p.
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué si me miráis, miráis airados?
Borrárse, ese es el camino . Vuelve la transparencia, y sobre la transporencia: la palabra y el silencio.
Nianor Vélez, en un ensayo sobre Valente que no recuerdo cómo se titulaba.